A lo largo de los último 45 años los españoles hemos visto cómo aumentaban nuestras rentas y cómo se disparaba el precio de la vivienda, más o menos igual que el resto de nuestros socios comunitarios. El problema es que esos dos valores (el dinero del que disponen las familias y la cotización del m2) no han avanzado al mismo ritmo. Al contrario. El primero lo ha hecho a mucha menos velocidad que el segundo, exigiendo un mayor sacrificio por parte de las familias y generando una brecha que nos aleja cada vez más de la media europea.
Los datos el Banco de España son demoledores.

