Copiar en los exámenes o pedir a alguien que te haga ese trabajo que se te ha atragantado es una tentación tan vieja como la propia educación. Los de mi generación crecimos con la picaresca a ‘El Rincón del Vago’, pero el negocio no se quedó ahí y con el tiempo se profesionalizó con tarifas fijas y plazos de entrega. Y en ese mercado, hubo un país que se convirtió en una auténtica potencia: Kenia.
Los escritores fantasma kenianos. En un reportaje del New York Times cuentan la historia de Teresios Bundi. En 2011 se mudó a Nairobi para estudiar en la universidad y, casi por casualidad, acabó dedicado a un nuevo trabajo online: escribir trabajos para universitarios occidentales, sobre todo estadounidenses y británicos. Le pagaron 7 dólares por su primer encargo y a partir de ahí no dejó de trabajar.

