En el árido suroeste de Estados Unidos, cubrir enormes canales con hormigón parecía una decisión impecable: impedía que parte del agua se filtrara al terreno y permitía transportarla con mayor eficiencia. El problema apareció debajo de la superficie. Los canales se convirtieron en entornos extraordinariamente pobres para la fauna, así que unos investigadores probaron a devolverles artificialmente aquello que el hormigón había eliminado utilizando un material bastante inesperado: neumáticos usados.
El resultado, publicado en 1994, fue sorprendente.

