El profesorado se las prometía muy felices con la marca de agua de Anthropic. En un día ya la habían hackeado (y no hacía falta)

La semana pasada, Anthropic anunciaba la llegada de su marca de agua para los textos generados con Claude, con el fin de cumplir así con la legislación europea. Tras el revuelo causado y las amenazas de bajas en la suscripción, explicó detalladamente cómo funcionaba. Spoiler: no deja nada claro quién ha hecho el texto ni el grado de uso de la IA.

Los textos generados con IA están a la orden del día, pero hay un escenario donde son especialmente preocupantes para quien recurre a ellos: la educación. Puedes aprobar el trabajo, pero el aprendizaje pasa factura. Y ahí el profesorado se enfrenta a un reto mayúsculo: los detectores de IA fallan más que una escopeta de feria, y el problema es tan grande que en China hasta optaron por «apagar» los modelos en selectividad. En ese escenario, sin una forma fiable de saber qué ha escrito realmente el alumnado, la marca de agua de Anthropic suena a maná caído del cielo. Sobre el papel.

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