Durante años, la dieta mediterránea ha librado una batalla a vida y muerte contra los ultraprocesados. Ahora la está perdiendo

En 1990, el INE preguntó a 20.000 hogares qué compraban para comer. Lo hizo también en el año 2000 y en el 2010. En 2020 volvía a tocar, pero la pandemia lo paró todo.

No eran exactamente encuestas sobre nutrición. Eran más bien sobre gastos: intentaban entender cómo eran los hogares españoles. Y, por eso mismo, había mucho donde rascar. Gracias a ellas, sabemos que en 1990 los ultraprocesados aportaban un 11% de las calorías compradas. En 2010, ya eran un 31,7% (y el 80,4% de todos los azúcares añadidos). 

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