La naturaleza tiene una asombrosa capacidad para esconder a sus depredadores más eficientes a plena vista, y a día de hoy seguramente haya muchas plantas a nuestro alrededor que son carnívoras y no lo sabemos. Esto es lo que le ocurrió en 1875 al mismísimo Charles Darwin, que en su obra Insectivorous Plants planteó que ciertas especies de plantas alpinas parecían tener una extraña afición por atrapar insectos. Pero, por desgracia, murió sin poder demostrarlo.
Ha cambiado. Ahora, un siglo y medio después, la ciencia le ha terminado dando la razón, y más concretamente un equipo internacional de investigadores que ha sido capaz de confirmar que la Saxifraga candelabrum, una planta que parecía inofensiva, es en realidad una letal devoradora de insectos.

