Desde el inicio de la invasión rusa, la llegada del frío a Ucrania viene acompañada de una certeza: Moscú intentará convertir el invierno en otra arma. Durante años eso ha significado misiles y drones contra centrales, subestaciones y redes eléctricas para dejar al país sin energía precisamente cuando más la necesita. Pero el invierno que se aproxima introduce un giro de guion. Moscú sigue preparando esa presión energética, pero además espera que el propio clima le devuelva una ventaja que los drones ucranianos le han arrebatado en tierra.
El muro invisible. Contaban en Forbes que una parte fundamental de la defensa ucraniana ya no está formada únicamente por trincheras, minas y fortificaciones, sino por zonas de muerte vigiladas por drones que pueden extenderse decenas de kilómetros alrededor del frente. Miles de pequeños FPV permiten localizar vehículos, artillería y concentraciones de tropas y atacarlos antes de que alcancen las posiciones ucranianas, dificultando que Rusia transforme su superioridad numérica en grandes avances.

