A lo largo de los años la ciencia lo ha repetido largo y tendido: poner árboles en las ciudades es una buena idea. Está la idea de base de funcionar como pulmón (absorber el dióxido de carbono para convertirlo en oxígeno) en un entorno contaminado y por otro, está la cuestión térmica: es un sistema barato y efectivo para bajar la temperatura en un momento en el que cada vez hace más calor y el asfalto es un horno que lo multiplica. Todo esto es cierto y bien sabido, pero acabamos de descubrir un pequeño hándicap: los árboles también contaminan.
El descubrimiento. El punto de partida del equipo de la Universidad de Jinan (Guangzhou) era responder a una pregunta: ¿por qué el ozono (un contaminante que afecta al medio ambiente y la salud) sigue siendo un problema en ciudades muy arboladas? Solución: resulta que la vegetación urbana contribuye mucho más de lo que creíamos. El estudio se centra en Pekín, pero sus conclusiones son extrapolables a otras megaurbes.

