En julio cayeron sobre España 4,3 litro por metro cuadrado. Eso es el 26% de lo normal y ha coronado al mes como el más seco (y el más cálido) de las series históricas. Casualidad o no, desde entonces, se ha quemado más de 213.000 hectáreas, más de la mitad de todo lo que ha ardido en la Unión Europea.
El entusiasmo que generan estas últimas palabras es, por lo tanto, más que razonable: extremadamente comprensible. El único problema es que la lluvia que necesitamos es distinta de la que va a caer.

