Año 1986, los mineros del norte de Francia dejan de alimentar dos gigantescas pirámides de residuos que llevaban décadas levantando junto a sus explotaciones de carbón. Aquellas montañas negras, de unos 150 metros de altura sobre el terreno, parecían condenadas a convertirse en monumentos a la contaminación industrial. Cuarenta años después, habían protagonizado una transformación insólita: el sol, las rocas y la naturaleza habían fabricado, sin que nadie lo planeara, una especie de pequeño Mediterráneo en pleno norte de Francia.
Dos pirámides hechas de basura. La historia comienza en Loos-en-Gohelle, una localidad del Paso de Calais situada cerca de Lens, en una región marcada durante generaciones por la extracción de carbón. Durante décadas, las compañías mineras acumularon millones de toneladas de esquisto y otros materiales desechados hasta levantar los dos enormes conos del complejo 11/19, conocidos como terrils.

