A simple vista, construir un muelle puede parecer una tarea relativamente sencilla: levantar una estructura junto al mar, preparar una superficie resistente y dejar espacio para que los barcos atraquen. Sin embargo, hay una parte de estas infraestructuras que rara vez vemos y que puede condicionar toda la construcción. Está bajo el agua, donde los ingenieros deben enfrentarse a la profundidad, las características del terreno y el enorme peso que tendrá que soportar. Y es precisamente ahí, mucho antes de que llegue el primer barco, donde comienza uno de los mayores desafíos de la ingeniería portuaria.
En el puerto de Las Palmas, ese desafío ya tiene un proyecto concreto y un presupuesto sobre la mesa. El Gobierno autorizó el pasado julio la licitación de un muelle adosado al dique Reina Sofía Sur por 45,3 millones de euros, sin IGIC. De acuerdo con el Ministerio de Transportes, la infraestructura dispondrá de una profundidad de agua de 20 metros junto al frente de atraque, una característica prevista para facilitar las operaciones con grandes buques. Cabe señalar que las obras todavía no se han adjudicado, pero su diseño contempla una operación que comenzará bastante antes de levantar el propio muelle.

