Hay pocas imágenes tan primaverales como la vuelta de las golondrinas y, sobre todo, de las cigüeñas que, tras un largo invierno, regresan a casa para anidar. Imagina la sorpresa si, un buen día, una de esas cigüeñas aparece en tu localidad con el cuello atravesado por una flecha de 80 centímetros.
Deja de imaginar porque eso ocurrió en 1822 en una ciudad alemana. Y lejos de ser una anécdota, se convirtió en un hecho clave para desentrañar el misterio de por qué las aves desaparecían en invierno.

