En el anuncio del HomeView, una familia de cinco intenta salir de casa por la mañana entre tostadas, llaves perdidas y discusiones por el termostato. Nadie tiene un iPhone en la mano, pero todos lo llevan encima. Lo sabemos porque, sin eso, la pantalla de la cocina no podría saber quién es cada uno.
Ese detalle resume perfectamente lo que Apple presentó ayer: ninguno de sus nuevos productos para la casa tiene un sentido completo por sí solo. Todos dependen del iPhone.

