Al cobrar impuestos por cada puerta y ventana abierta durante 126 años, Francia empujó a los ciudadanos a transformar sus casas de una manera que aún hoy es visible

Durante más de un siglo, Francia convirtió algo tan cotidiano como abrir una ventana en una cuestión fiscal. En 1798, el Estado decidió cobrar impuestos por cada puerta y ventana de las viviendas, desencadenando una reacción inesperada: propietarios que tapiaron huecos, eliminaron elementos arquitectónicos y modificaron sus casas para pagar menos. La medida sobrevivió 126 años y dejó una herencia extraordinaria: algunas de aquellas decisiones tomadas para escapar de Hacienda todavía pueden reconocerse en las fachadas francesas.

Un impuesto que cambió las casas. La historia comenzó el 24 de noviembre de 1798, cuando el Directorio francés aprobó una contribución sobre las puertas y ventanas de los edificios. Lo que inicialmente se planteó como un tributo anual terminó prolongándose durante casi 127 años, hasta su desaparición efectiva en 1926. 

Leer noticia completa →