Como se suele decir, Japón es un país que no te acabas. No tanto por su riqueza cultural y sus paisajes, sino por la cantidad de costumbres que, a ojos de los occidentales, parecen peculiares. Una de ellas es la de las salas recreativas, concretamente las enfocadas a tragaperras, y de entre todas, hay una cadena enfocada a máquinas de gancho que ofrece un particular servicio a sus clientes: el de los entrenadores para maximizar ganancias.
Y aunque suene simpático, va acompañado de algo más siniestro.

