La marina británica estrenó nuevos barcos dron. Una revisión encontró una sorpresa: componentes fabricados en China

Cuando pensamos en un sistema militar, solemos fijarnos en el vehículo, el armamento o los sensores que lleva a bordo. Mucho menos visible es todo lo que hay detrás: proveedores, subcontratistas y componentes que pueden haber recorrido varios países antes de terminar integrados en una plataforma de defensa. En una industria electrónica profundamente globalizada, seguir ese rastro importa tanto como conocer las prestaciones del equipo. Y cuando hablamos de sistemas destinados a vigilancia u operaciones militares, saber exactamente qué hay dentro y con qué puede comunicarse deja de ser una cuestión puramente industrial.

El problema. Todo surgió con los K3 Scout de la Royal Navy. Tras incorporar una flota de 20 embarcaciones no tripuladas, una evaluación rutinaria de vulnerabilidades cibernéticas identificó un problema en uno de sus subsistemas: las cámaras instaladas a bordo contenían componentes fabricados en China y enviaban comunicaciones de tipo heartbeat a una dirección IP localizada en ese país, según reveló The Telegraph. El Ministerio de Defensa británico confirmó posteriormente el hallazgo, pero introdujo un límite fundamental: su investigación no encontró evidencias de que datos o sistemas del departamento hubieran sido accedidos, comprometidos o transmitidos al exterior.

Leer noticia completa →