Antes que Rosalía estuvo Francisca, la aragonesa que retrató la revista Time y todo el mundo se rifaba

Era, más que la Rosalía de la época, algo así como una Jennifer López en su apogeo sumando el capital de Lady Gaga. El rey Alfonso XIII la admiraba en público, algo un tanto arriesgado sabiendo que la Iglesia y media España bienpensante consideraban la copla poco más que un espectáculo de taberna con vestuario. Ganaba más que Carlos Gardel, el ídolo del tango del que en Buenos Aires todavía se dice aquello de «cada día canta mejor». Y Charles Chaplin, el hombre más fotografiado del planeta, le rogó un papel. Ella lo rechazó. Dos veces. 

De costurera a reina del cuplé. Francisca Marqués López en Tarazona (Zaragoza) en 1888, hija de familia humilde a la cual mandan a Francia a vivir con una tía, a ver si tiene mejor suerte. Paca vive y aprende pero pocos años después vuelve a Barcelona, al Pueblo Seco, donde cose para vivir hasta que la cantante Marta Oliver le descubre la voz y la mete en el negocio. Ahí coincide con La Chelito, cubana que acabaría siendo empresaria teatral, y con La Fornarina, hija de lavandera y guardia civil, sacada de la prostitución por un pintor enamorado. Entre las tres inventan las «reinas del cuplé».

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