Corría el año 1990 y, según Forbes, Bill Gates ya era una de las personas más ricas del mundo con una fortuna estimada en más de 2.900 millones de dólares y un solar vacío en Medina, a orillas del lago Washington. Gates quería construir en esa parcela una mansión que reflejara su estatus de pionero en la industria tecnológica.
Aquel proyecto que estaba tomando forma en la cabeza de Gates, en unos años se convertiría en la famosa mansión Xanadu 2.0. Sin embargo, un inesperado enemigo iba a interponerse en los planes del millonario para construirse su casoplón: el búho moteado del norte. Una pequeña ave poco más grande que un gato doméstico, acabó cambiando los planos de la mansión más famosa del sector tecnológico.

