Compró 100 sellos de aviones a Correos por 20 euros con todos ellos boca abajo por error. Solo uno acabaría valiendo dos millones

El 14 de mayo de 1918, William T. Robey salió de su trabajo durante la hora del almuerzo y entró en una Oficina de Correos de Washington. Pidió una hoja de los nuevos sellos de correo aéreo, pagó los 24 dólares (unos 20 euros al cambio) correspondientes a sus 100 unidades y se marchó con algo extraordinario: todos los aviones estaban impresos boca abajo. Robey sabía que había encontrado un error valioso.

Lo que todavía no podía saber era hasta qué punto.

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