Seamos sinceros: la domótica es un rollo porque se ha convertido en una selva de aplicaciones propietarias y ecosistemas diferentes. Por mucho que haya intentos como Matter, la realidad es que los usuarios nos vemos atrapados en menús, interfaces y conexiones entre dispositivos de distintos fabricantes que no se entienden bien.
¿Ejemplos? Abres una app para encender las luces del salón, cambias a otra para ver el estado de la lavadora y te encuentras con una tercera si quieres revisar la cámara de vigilancia de la habitación del bebé. Y eso sin contar la cara que pone cualquier invitado cuando le explicas que para bajar una persiana necesita instalarse una aplicación en su móvil o acertar con el comando de voz exacto de turno. En lugar de hacernos la vida más fácil, la domótica nos ha terminado llenando el teléfono de carpetas con iconos y contraseñas que usas de higos a brevas.

