Diogo Almeida no es un emprendedor de IA cualquiera. Trabajó en OpenAI y fue uno de los autores de InstructGPT, el estudio sobre aprendizaje por refuerzo a partir de retroalimentación humana (RLHF) que sentó parte de las bases de ChatGPT. Cuatro años después ha creado una nueva empresa llamada TypeSafe AI y un nuevo modelo llamado Jev. Lo curioso es que este modelo sacrifica justo aquello que hizo famoso a ChatGPT: no puede generar texto.
Una IA que habla con las máquinas. Cuando un LLM (como GPT-5.6 Sol, por ejemplo, que usamos en ChatGPT) recibe una pregunta y construye una respuesta, lo hace generando un token detrás de otro como un «loro estocástico». Jev está diseñado para otra cosa: este modelo recibe información no estructurada y devuelve decisiones acompañadas de probabilidades. Por ejemplo: en una transacción un programa o aplicación podría preguntarle a Jev si dicha transacción puede ser fraudulenta, si requiere una revisión humana y qué prioridad tiene esa alerta. Jev no se enrolla: simplemente devuelve las opciones permitidas y cuánto «confía» en cada una.

