La fiebre del oro en California duró poco. De 1848 a mediados de la década posterior, decenas de miles de buscadores vendieron sus pertenencias, se asentaron en los ríos y montañas californianos armados con la esperanza de encontrar las pepitas que los hicieran ricos. Era un negocio sin garantías y la mayoría de los que volvieron a casa lo hicieron con las manos vacías. Sin embargo, hubo personas como Levi Strauss o Samuel Brannan que sí se hicieron de oro. ¿Por qué? Porque ellos vendían los ‘vaqueros’ resistentes para esas condiciones y las palas que usaban los esperanzados mineros.
Actualmente estamos viviendo una situación similar. Cientos de empresas han apostado todo por la inteligencia artificial, los centros de datos y un negocio que no está claro si terminará de explotar, y los fabricantes de chips serían los nuevos fabricantes de palas. Es un negocio tan enorme que ha devuelto al ruedo a empresas que estaban en un perfil bajo desde la caída del Japón dorado de los 80. Esa empresa es Fujitsu y, con su chip Monaka, espera asaltar el negocio de Intel, AMD y Nvidia tanto dentro como fuera de Japón.

