Stephen Garland, profesor de ciencias del deporte, sobre el slow jogging: “Que una rutina de ejercicio sea fácil no significa que sea ineficaz”

A veces, cuando nos proponemos subirnos al saludable carro del ejercicio físico, no sabemos por dónde empezar. Puede que no nos apetezca apuntarnos a un gimnasio y que salir a correr nos dé demasiado vértigo. Quizás sintamos que los paseos se nos quedan demasiado cortos. Antes de responder a esto, vale la pena recordar que pasear siempre será infinitamente mejor que no hacer nada. De todos modos, si queremos subir un pelín la intensidad, sin olvidarnos de que somos principiantes, cada vez más expertos recomiendan que probemos con el slow jogging. O, dicho en español, correr lento.

Correr lento también es beneficioso. El slow jogging se ha convertido poco a poco en una tendencia en redes sociales, pero en realidad tiene un origen científico. Fue propuesto por primera vez por el investigador especialista en ejercicio físico Hiroaki Tanaka, quien originalmente lo bautizó como correr a ritmo de “niko-niko” o, lo que es lo mismo, a ritmo de “sonrisa”. Lo llamó así, básicamente, porque la mejor forma de medir el ritmo a la hora de correr lento es que debemos ser capaces de poder mantener una conversación. Y también sonreír, por supuesto. Esto puede parecernos poco demandante, pero supone muchos beneficios.

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