El disfraz perfecto para robar en un hospital, según la Guardia Civil de Tomelloso: no llevar ninguno. Durante el pasado agosto, alguien entró en el Hospital General de Tomelloso vestido de nadie en particular. Camina por varias dependencias sin que le paren, llega hasta la capilla, tarda «pocos instantes» y, tras él, desaparece un sagrario único en el mundo y el cáliz. Sale a paso ligero. Ni forzó una cerradura ni saltó una alarma: entró por la puerta, que estaba abierta, con la mejor tapadera posible en un hospital de madrugada. La de ser un enfermo más que acude a rezar.
La denuncia. A la hora, el capellán del centro avisó a la Guardia Civil al descubrir que faltan el tabernáculo y el cáliz, este último con hostias consagradas dentro. Se hizo cargo el Grupo de Investigación de la Compañía de Alcázar de San Juan, que inspeccionó la capilla y confirmó lo obvio: puerta intacta, sin signos de fuerza. El ladrón aprovechó un descuido en un plan que no necesita ganzúas ni pasamontañas: un pijama de hospital de sobra, un poco de confianza y listo.

