Hubo un tiempo en el que los alces (orientales) desaparecieron por completo de Kentucky: el último fue tiroteado en Pensilvania el 1 de septiembre de 1877, como recogen registros históricos. Precisamente la caza y la pérdida de su hábitat acabaron con la especie, que durante más de un siglo dejó de verse por los Apalaches. En 1997, el estado de Kentucky inició un ambicioso programa de reintroducción de alces y pasó algo altamente improbable: la nueva manada de alces se desbordó y dio un «bombazo» genético.
El alce vuelve por todo lo alto. Como explica el Departamento de Recursos de Pesca y Vida Silvestre de Kentucky, entre 1997 y 2002, capturaron 1.541 alces en seis estados del oeste (Arizona, Kansas, Dakota del Norte, Nuevo México, Oregón y Utah) y los soltaron en una zona de 16 condados del sureste del estado de 17.000 kilómetros cuadrados, poco más o menos como la provincia de Zaragoza.

