En un mercado energético cada vez más incierto, el poder está cambiando de manos. Si hace unos años la verdadera lucha sobre la energía giraba en torno a quién la tenía, ahora el verdadero poder reside en aquellos que son capaces de almacenarla y distribuirla. Como cuenta Marc Español en El País, no hace tanto que en el Mediterráneo oriental se libraba una contienda sobre los yacimientos de gas natural de la zona. La competencia geopolítica entre países como Chipre, Grecia, Turquía, Egipto o Libia hizo que los roces fueran evidentes a la hora de delimitar la soberanía de los ricos yacimientos submarinos.
Ahora, el tablero ha cambiado. Lo decisivo hoy es tener la infraestructura necesaria para almacenar los recursos, transformarlos y llevarlos hasta el mercado.

