Con todo lo que cuesta poner en funcionamiento un centro de datos para IA, tiene todo el sentido darle una vuelta y, al menos, aprovechar parte de la energía que genera para un propósito útil. En Odense, Dinamarca, uno de sus centros de datos perfectamente puede servir de ejemplo en este aspecto, pues cede el calor generado en lugar de verterlo al aire. El agua de la red de calefacción urbana de la ciudad pasa a través de las unidades de refrigeración de las instalaciones y, justo después, a través de una batería de bombas de calor elevan la temperatura lo suficiente como para alimentar los radiadores de toda la ciudad.
Sobra calor. Si los definimos de forma un poco más práctica, los centros de datos son básicamente gigantescos radiadores eléctricos que, además, resulta que ejecutan servidores. Casi toda la energía que extraen de la red eléctrica acaba convirtiéndose en calor. Y la mayor parte de ese calor simplemente se expulsa al exterior y se pierde. El proyecto de Odense, gestionado por Meta y la empresa pública local Fjernvarme Fyn, aprovecha el calor generado para calentar sus hogares.

