Que China es una auténtica potencia mundial en energía solar no es ningún secreto; de hecho, planea que para 2030 sus renovables cubran la mitad de su consumo energético. Tampoco lo es que es capaz de montar enormes parques fotovoltaicos en los sitios más insospechados: desde un desierto, pasando por mar abierto, hasta el espacio.
Pero el mar tiene sus propias reglas y desafíos, y el mantenimiento allí, con tanta humedad y salinidad, es todo un reto. Así que al país asiático se le ha ocurrido una idea para montar una plataforma solar flotante: dejar atrás el hormigón, el plástico o el acero en favor de un material que conocen muy bien: el bambú.

