Blaise Thorens abre cada mañana su local y, desde hace unos días, ejerce un ritual: comprobar si alguien ha dejado algo de brujería en la puerta. «Al abrir por la mañana nos encontramos muñecos de vudú», reconoció él mismo hace unas semanas. También se ha topado con velas, monedas, pintadas en las persianas y coches vandalizados, según confirmó en dos entrevistas. Bienvenidos a la guerra silenciosa contra el «brunch» en Barcelona.
El imperio de las tortitas. Thorens, suizo de 39 años, aterrizó en Barcelona hace una década. Abrió su primer Billy Brunch en 2018 en el número 115 de la calle Bailén, cuando el concepto de tostada de aguacate a seis euros sonaba extraño en español. Antes fue manager de conferencias y banquetes para W Barcelona y antes manager en varios restaurantes. Desde entonces, la carta de infusiones detox o retox, pancakes y munchies ha crecido igual que su oferta de locales.

