Una videollamada tiene algo que durante mucho tiempo hemos dado casi por sentado: si vemos a alguien reaccionar a lo que decimos, interrumpirnos, sonreír en el momento adecuado o mirar aquello que acabamos de enseñar a cámara, asumimos que hay una persona al otro lado. La inteligencia artificial lleva años complicando esa certeza con voces clonadas y vídeos sintéticos, pero mantener toda esa interacción en directo es otra historia. Y precisamente ahí es donde acaba de aparecer un modelo que pretende borrar buena parte de esa distancia.
Ese modelo se llama Griffin, aunque la versión que Tavus ha sometido a estas pruebas es Griffin-Lite, una versión preliminar de investigación. Su resultado más llamativo llega de un experimento realizado con 54 participantes: después de conversar durante un minuto con el sistema, 26 de ellos, el 48%, dijeron creer que su interlocutora había sido una persona real. La compañía sostiene que ese resultado convierte a Griffin en el primer modelo capaz de superar un «test de Turing en vídeo» en tiempo real. La afirmación, sin embargo, necesita bastante contexto.

