Magnific tiene un plan para acabar con el "slop" de la IA

Un fantasma recorre las calles de todas las ciudades del mundo: el fantasma de la IA. Caminando por Madrid, bastan apenas unos minutos para encontrar multitud de carteles generados con inteligencia artificial. La mayoría son menús de bares y restaurantes que, durante años, se habían mantenido estáticos ante los elevados costes de sustitución. Lo que un día suponía contratar a un diseñador e invertir altas cantidades de dinero en una carta hoy requiere un puñado de segundos. La IA, así, ha tomado las calles a la fuerza.

Sucede que este drástico cambio en el paisaje urbano viene acompañado de un problema: todos los carteles son iguales. Podemos elevar un sinfín de quejas ante el gremio de los diseñadores, pero no podemos negarles la virtud de la originalidad. Más o menos acertados, sus carteles se diferenciaban los unos de los otros en función de la estética del establecimiento o de las preferencias del hostelero. La IA ha arramplado con cualquier forma de distinción. Las tonalidades doradas, las tipografías serpenteantes y cursivas, los contrastes agudos. Todo luce exactamente igual.

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