La agitación en torno a los posibles riesgos existenciales que podrían amenazar la supervivencia del ser humano como consecuencia del vertiginoso avance de la inteligencia artificial (IA) sigue su curso. Hay tesis para todos los gustos. Los doomers defienden que una superinteligencia podría escapar del control del ser humano y perseguir objetivos incompatibles con nuestra supervivencia. Los longtermists creen que el riesgo existencial debe abordarse desde la perspectiva del bienestar de las generaciones futuras.
Los AI safety moderados, o pragmáticos, también están preocupados por las consecuencias que podría tener la llegada de una superinteligencia, pero consideran que los escenarios extremos podrían evitarse estableciendo los mecanismos de seguridad adecuados. Y los aceleracionistas tecnológicos sostienen que frenar el desarrollo de la IA también entraña riesgos, como la pérdida de progreso científico o económico, y que detener el progreso no es una opción. Jensen Huang pertenece a esta última corriente.

