La pugna que mantienen EEUU y China en el ámbito de la inteligencia artificial (IA) tiene dos frentes bien diferenciados. El desarrollo de los modelos de frontera por el momento lo lideran los laboratorios estadounidenses, aunque las empresas de IA chinas les pisan los talones. El otro frente requiere conseguir con la máxima eficacia posible que las capacidades de los modelos más avanzados contribuyan a incrementar la productividad de la población. Y para lograrlo es necesario que la penetración de esos modelos sea lo más alta posible.
En este último terreno China va por delante. Según una encuesta realizada por el banco de inversión estadounidense Morgan Stanley, el 80% de las personas encuestadas en China afirma que usa la IA para fines personales como mínimo una vez a la semana, mientras que en EEUU esa cifra se reduce al 54%. La diferencia es abultada. No obstante, hay un matiz importante que no debemos pasar por alto: las cifras que ha recogido Morgan Stanley se ciñen a las personas a las que ha preguntado, por lo que no tienen por qué encajar exactamente con la adopción por parte de la población general.

