Durante buena parte de la segunda mitad del siglo XX, la modernización agrícola transformó radicalmente Bretaña: pequeñas parcelas rodeadas de setos y taludes fueron agrupadas para crear campos mayores por los que pudieran circular tractores y maquinaria pesada. Aquello permitió construir una de las regiones agrícolas más productivas de Francia, pero también eliminó aproximadamente el 70% de su histórico bocage.
El tiempo. Décadas después, la ciencia ha permitido comprender mejor algo que aquel proceso infravaloró: los setos no eran simplemente divisiones entre propiedades. Formaban una gigantesca infraestructura natural capaz de frenar la lluvia, favorecer su infiltración y evitar que suelo, nitratos y pesticidas acabasen rápidamente en los ríos.

