El 11 de octubre de 2005, Vince tocó tierra cerca de Huelva. Era pequeño, estaba desorganizado y no debería haber existido. Al fin y al cabo, se había formado en un mar que (según los manuales) estaba demasiado frío como para fabricar ciclones tropicales.
Cuando los expertos del Centro Nacional de Huracanes analizaron el caso, dejaron una de las pocas frases célebres de la meteorología reciente: «si parece un huracán, probablemente lo es. De igual el ambiente o su localización inusual». Llevamos 20 años, repitiendo esa frase.

