Llevo ya más de cinco años teletrabajando en casa. Son ocho horas diarias (a veces, algunas más) que paso delante del ordenador cinco días a la semana y, como es lógico, uno busca estar lo más cómodo posible. En todo este tiempo he invertido en dos monitores (los prefiero a un ultrawide) y una buena silla, pero hay algo en lo que no y me arrepiento: el escritorio.
Me apaño con una mesa de Ikea que tiene más años de los que me gustaría reconocer, pero al pensar en cambiarla me surge una duda que quizás también se te ha presentado: ¿es mejor un escritorio convencional o uno elevable? Hay una diferencia obvia entre los dos, pero no es lo único que hay que tener en cuenta a la hora de elegir. Tras semanas dándole vueltas al tema, te cuento los puntos fuertes (y débiles) de cada uno para que no gastes más dinero del necesario.

