Cuando Don Adams llegó a Lady Elliot Island a finales de los años 60 encontró algo muy distinto de lo que hoy emerge en el extremo sur de la Gran Barrera de Coral. La extracción de guano había arrancado buena parte del suelo fértil y prácticamente toda la vegetación, mientras unas cabras introducidas en la isla impedían que las plantas volvieran a establecerse. Adams vio una oportunidad donde otros veían un pedazo de coral prácticamente estéril.
Todo empezó con uno de los fertilizantes más codiciados. Lady Elliot Island había acumulado durante siglos enormes cantidades de excrementos de aves marinas, un material extraordinariamente rico en nutrientes que en el siglo XIX se convirtió en un valioso fertilizante.

