Durante décadas, Guyana fue uno de los países más pobres de Sudamérica. Hoy, sus calles empiezan a llenarse de Ferraris y Lamborghinis, sus restaurantes sirven carne japonesa de lujo y las bodas millonarias se han convertido en tema de conversación. El responsable es el petróleo, pero también una guerra a miles de kilómetros de distancia: el conflicto en Irán ha disparado los precios del crudo y ha convertido a este pequeño país de apenas un millón de habitantes en uno de los grandes beneficiados de la crisis energética mundial. Sí, Guyana se está haciendo extraordinariamente rica, aunque buena parte de sus ciudadanos todavía no lo nota.
La guerra como lotería. Mientras el conflicto en Oriente Próximo restringe el suministro energético y perjudica a numerosas economías, Guyana está viviendo el efecto contrario. El país, que comenzó a producir petróleo hace apenas unos años, espera ingresar alrededor de 6.500 millones de dólares este año, más del doble de lo previsto inicialmente.

