Imagínate la escena. Un pueblo diminuto, rodeado de montes y silencio, apenas 300 vecinos censados, reciben de pronto la invasión: miles de desconocidos irrumpen, despliegan kilómetros de cables y levantan inmensos muros de altavoces. Así amaneció La Granja, con techno a todo volumen, como en ‘Sirat’.
Este pequeño municipio situado en el norte de Cáceres se ha comido tantos coches (unos 2.000) y caravanas que hasta han ocupado varias fincas privadas cerca de una piscina natural, justo al lado del cauce del río Ambroz. El pueblo se lo está tomando bien: “no se meten con nadie”, “si pudiera, hubiese ido”. El problema es que más de 3.000 personas siguen allí, algunas desde el pasado jueves 13 de agosto. Y cinco días después, la Guardia Civil sigue sin poder cerrarla.

