Hace poco más de una década se dio una imagen difícil de creer: un helicóptero estadounidense sobrevoló una isla del Pacífico dejando caer miles de pequeños paracaídas de cartón. No transportaban ayuda humanitaria ni material militar: sostenían ratones muertos rellenos de paracetamol. Aquella escena parecía sacada de una sátira, pero era el último intento por resolver una de las invasiones biológicas más devastadoras del planeta.
La serpiente que conquistó una isla. Todo comenzó tras la Segunda Guerra Mundial. La serpiente arborícola marrón (Boiga irregularis), originaria de Australia y Papúa Nueva Guinea, llegó accidentalmente a Guam, probablemente escondida en un cargamento militar. En una isla donde apenas tenía depredadores y la fauna nunca había convivido con un cazador de ese tipo, encontró el escenario perfecto para expandirse sin control.

