No importa cuánto dinero guardes en el banco, todas las personas (pobres o acaudaladas) tenemos algo en común: no nos gusta cocernos a 40ºC. Incluso aunque tengas la casa aclimatada y una piscina en el jardín. Esa obviedad está haciendo que el mercado residencial europeo experimente un fenómeno curioso: cada vez es más habitual encontrarse con familias que deciden hacer las maletas y abandonar sus casas del sur por otras situadas en latitudes más septentrionales, lugares donde el calor, la sequía y la amenaza del fuego sean más llevaderos.
Mirando al norte. Hace poco The Wall Street Journal (TWSJ) publicó un reportaje en el que incluía los testimonios de Gabriele Pohl y Florence Chapelier, dos mujeres con varias cosas en común. La primera es que parecen disfrutar de una situación económica desahogada. Pohl gestiona un negocio de coaching para directivos y Chapelier está vinculada al diseño arquitectónico. La segunda es que en los últimos meses ambas se han mudado de casa, abandonando regiones meridionales de Europa por otras más septentrionales… y frescas.

