El pasado mes de mayo, Christopher Olah, uno de los siete cofundadores de Anthropic, viajó a Roma para reunirse con alguien muy especial. Por entonces, Olah llevaba varios meses entablando conversaciones con teólogos, líderes religiosos y filósofos de toda condición en busca de respuestas a una pregunta de índole existencial: ¿puede Claude, la inteligencia artificial desarrollada por su empresa, tener consciencia de sí misma?
La cuestión ha ganado prominencia durante los últimos meses fruto del esfuerzo de Olah y de otros entusiastas de la IA. Desde su punto de vista, no puede descartarse que Claude y otros modelos «piensen», «sientan» e incluso «sufran» de algún modo, fruto de complejos sistemas «neuronales» que hacen plausible, al menos, que lleguen a tomar consciencia. Tales ideas han conducido a Anthropic a ideas intrigantes sobre el «bienestar» de sus modelos. Al fin y al cabo, si existe la posibilidad de que Claude sienta tal y como lo hacemos nosotros, ¿no debería preocuparnos su estado emocional?

