Rusia lleva cuatro años y medio alimentando una guerra de desgaste que, según la última estimación del CSIS, le ha costado ya alrededor de 1,4 millones de bajas entre muertos, heridos y desaparecidos. Mantener la ofensiva exige un flujo constante de hombres y cada vez aparecen más testimonios, vídeos y denuncias procedentes incluso de círculos militares rusos sobre una consecuencia extrema de esa necesidad: soldados que todavía están heridos, tienen graves limitaciones físicas o directamente necesitan muletas están siendo devueltos a posiciones letales.
Hombres, fusiles, chalecos y muletas. Contaba Forbes que uno de los casos más extremos apareció en mayo de 2026. Sergei Aleksandrovich Pisarchik, un soldado de 50 años de la 69ª División de Fusileros Motorizados rusa, envió a sus familiares un último vídeo en el que aparecía junto a otros cinco soldados discapacitados que estaban siendo enviados al combate, según el canal ruso contrario a la guerra Mobilization News.

