Llegar a la mediana edad trae consigo muchos cambios, pero hay uno que destaca por encima de otros, que son las pérdidas de memoria para cosas tan cotidianas como saber dónde se han dejado unas llaves. Durante mucho tiempo, la medicina ha considerado estos pequeños lapsus de memoria episódica a partir de los 50 años como un peaje natural e inevitable del envejecimiento. Sin embargo, una nueva ola de investigaciones ha logrado conocer un poco más de por qué pasa esto.
Es complejo. La respuesta a por qué nuestra memoria empieza a patinar no radica en un simple desgaste por el uso, sino en una compleja reprogramación de las células cerebrales y en alteraciones inesperadas de la barrera que protege nuestro cerebro del resto de amenazas que hay en todo el cuerpo.

