La ciencia relaciona el trauma infantil con los cerebros adultos que disfrutan menos. La sorpresa es dónde se escondía la explicación

Toda comenzó cuando un pequeño experimento de Harvard dejó una pista inquietante: jóvenes que habían sufrido maltrato infantil reaccionaban menos ante la expectativa de una recompensa, incluso cuando la mayoría no tenía entonces ningún trastorno psicológico. Diecisiete años de investigaciones han ido reforzando aquella conexión entre adversidad temprana, alteraciones del sistema cerebral de recompensa y anhedonia (la pérdida de motivación o de capacidad para sentir placer), hasta llegar a un nuevo estudio que introduce una pieza inesperada en el mecanismo: el hipocampo, la región de la memoria. 

La primera pista. Hace casi dos décadas, en 2009, científicos de Harvard utilizaron resonancia magnética funcional para observar qué ocurría en el cerebro de jóvenes mientras participaban en un juego en el que podían obtener recompensas económicas. Aquellos que habían sufrido adversidad durante la infancia mostraban una respuesta más débil ante las señales que anunciaban una recompensa en regiones de los ganglios basales relacionadas con la motivación y las acciones dirigidas a objetivos. 

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