El 24 de junio de 1542, en algún punto del «río Grande», fray Gaspar de Carvajal dio fe de que la expedición de Orellana había sido atracada por un grupo de mujeres guerreras de una fiereza nunca vista. Aquellas frases sellaron su destino: por un lado, acabaron dándole nombre al Amazonas; por el otro, sirvió para desechar toda su crónica del primer viaje de un europeo por la selva amazónica.
Antes y después de las mujeres guerreras, Carvajal había hablado de poblados enormes y señores con miles de soldados y cerámicas de lujo y redes de caminos que recorrían toda la selva… pero aquellas amazonas americanas eran tan improbables a ojos de sus paisanos que todo lo demás se descartó.

