Hace 20 años, la costa de Galicia se llenó de un fenómeno nunca visto: impresoras

Febrero de 2006. Un temporal azota la Costa da Morte, ese tramo de litoral gallego bautizado así por acumular siglos de naufragios. Cuatro portacontenedores navegan cerca de Bergantiños. El mar les arranca parte de la carga. Lo primero que llega, 40 maquetas de barcos que encuentran dos pescadores en la playa de Arnado. Solo es el aperitivo: en los días siguientes, el reparto llegó hasta Razo, Soesto, Traba y Laxe, y también hasta A Hermida y A Barda, en Corme, y Cambre y Barizo, en Malpica. Y llega de todo.

De impresión. En Leira, Carballo, un contenedor entero embarranca entre las rocas. Dentro, impresoras, cientos de ellas. La noticia corre rápido por la comarca. Vecinos de todas las edades llegan con carretillas. Se llevan bolsos, mochilas, ositos de peluche, fundas de portátil, cortinas de baño, comida oriental. Nadie piensa en la humedad ni en el salitre. Dos meses tarda la naviera en retirar el contenedor vacío. Para entonces, las impresoras ya decoran salones de media comarca.

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