En 1995, Volkswagen aprendió una lección inesperada: nunca pongas delante de un cliente un coche "de broma" que no piensas vender

La historia comenzó poco menos que como una broma desenfadada. Volkswagen solo quería enseñar una nueva forma de configurar el Polo, pero lo que no esperaba era que los clientes ignoraran por completo el mensaje y empezaran a pedir el coche del anuncio. Lo que ocurrió fue que la broma terminó escapándose de las manos de la marca: aquel experimento publicitario acabó convertido en uno de los modelos más extravagantes, reconocibles y de culto de los años 90.

Un coche que no estaba a la venta. En 1995, Volkswagen presentó la tercera generación del Polo junto con una importante novedad comercial: por primera vez los clientes podían combinar libremente motores y niveles de equipamiento. 

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