Si te has puesto a tope en el gimnasio, puede que alguien te haya dicho que tengas cuidado si también te gusta salir a correr, pues podría afectar negativamente a las ganancias de fuerza. Esto es lo que se conoce como “efecto interferencia”. Hay bastante evidencia científica detrás, pero también la hay de que lo mejor para la salud es combinar tanto entrenamiento de fuerza como cardio. Entonces, ¿hacia dónde se decanta la balanza? Los expertos lo tienen claro. Para atletas, puede haber cierta interferencia, pero para personas no profesionales, la clave está en hacer ambos tipos de ejercicio.
Evidencias que evolucionan. La primera evidencia sobre el efecto interferencia surgió en un estudio de 1980. En él, se observó que el entrenamiento concurrente de fuerza y cardio producía ganancias de fuerza bastante menores que el de fuerza en solitario. En 2012 se publicó un nuevo metaanálisis que confirmaba dicha tendencia. Sin embargo, en 2021, un metaanálisis realizado por científicos suecos aportó nuevos datos que matizaban mucho esta creencia, ya que no se encontraron diferencias en personas no entrenadas, ni tampoco en entrenadas si separaban el entrenamiento de fuerza y el de cardio en días distintos. Desde entonces, las nuevas investigaciones que se han publicado al respecto han ido más en la línea del estudio sueco.

