Hay viajes en metro en los que nadie conduce el tren. No es una escena de ciencia ficción ni una novedad reciente: algunas redes llevan décadas confiando la marcha, las paradas y parte de la gestión de la circulación a sistemas automáticos. Como pasajeros, apenas lo percibimos; entramos en el vagón, esperamos nuestra estación y seguimos con el día. Lo interesante empieza cuando nos preguntamos qué hace exactamente esa tecnología y hasta dónde puede llegar. Porque prescindir del conductor es solo una de las formas de automatizar un ferrocarril.
No hace falta salir de España para encontrar un buen ejemplo. La línea 6 de Metro de Madrid está dando el salto hacia la automatización integral, con nuevos trenes preparados para circular sin personal a bordo y una entrada en servicio comercial prevista para 2027. La capital española sigue así un camino que otras ciudades comenzaron hace tiempo: París inauguró su línea 14 automatizada en 1998 y Barcelona estrenó el primer tramo de la línea 9 en 2009. Son ejemplos de cómo la tecnología ferroviaria ha ido reduciendo la intervención humana en la conducción, aunque eso no significa necesariamente que utilice inteligencia artificial.

